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Digitalización y desarrollo

Un vínculo cada vez más fuerte

Los paradigmas tecnológicos determinan las sendas de desarrollo de los países

 

En la actualidad, estamos entrando en una nueva era de digitalización donde es crucial entender la relación entre los paradigmas tecnológicos y el desarrollo sostenible. Los paradigmas tecnológicos consisten en el conjunto dominante de tecnologías y prácticas que moldean la economía y sociedad en un momento determinado. Desde fines del siglo XIX, diferentes paradigmas han desencadenado diversas eras industriales que han transformado la organización social, los modelos de producción y de gobernanza, y han ido definiendo las trayectorias de desarrollo de los países, siendo el último paradigma la revolución digital.

En las últimas décadas, los avances tecnológicos en los procesos de captura, almacenamiento, transmisión y análisis de datos e información han habilitado el desarrollo de nuevas tecnologías tales como el cómputo en nube, la analítica de grandes datos, la Internet de las Cosas, la inteligencia artificial, las cadenas de bloque, etc. Estamos en presencia de ciclos de innovación cada vez más cortos con tecnologías más complejas, cuyo uso combinado ofrece aplicaciones innovadoras para el desarrollo de los países, a la vez que crean desafíos de política, de normativa y de institucionalidad.

Trayectorias tecnológicas y eras industriales

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Fuente: elaboración propia.

 

Paradigmas tecnológicos, sendas de desarrollo y generación de riqueza

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Fuente: elaboración propia.

 

La digitalización tiene el potencial de aumentar la productividad, de facilitar el acceso a nuevos mercados, de crear nuevas industrias y nuevos trabajos, de mejorar la provisión de servicios, de aumentar el bienestar de las personas y de viabilizar modelos de producción más sostenibles con el medio ambiente. Sin embargo, también pueden significar nuevas fuentes de exclusión social, generar mayor concentración de riqueza, y generar nuevos riesgos en materia de seguridad y protección de datos, además de mayor consumo energético, entre otros. De no avanzar hacia la transformación digital, los países corren el riesgo de ralentizar su crecimiento y ampliar la brecha de competitividad, de inequidad y de desarrollo con los países que se encuentren en la frontera tecnológica. Pero, este avance debe darse con la precaución de no aumentar las brechas existentes y no dejar a nadie atrás Más aún, dado el potencial de las tecnologías digitales como habilitadoras de modelos productivos más verdes, el rezago en su adopción demoraría avanzar en un modelo de desarrollo más sustentable. Por tanto, la digitalización es un elemento central de la transformación productiva inclusiva y sostenible de los países de América Latina y el Caribe y, en particular, de sus políticas y agendas de desarrollo productivo.

Las revoluciones tecnológicas previas a la digital permitieron dar saltos en el desarrollo a los países que supieron aprovechar el progreso técnico, y adecuaron su capacidad productiva e institucional. Así lograron incrementos sostenidos del ingreso per cápita y de la calidad de vida de gran parte de su población. Tal es el caso de Estados Unidos, Europa y los países del Sudeste Asiático.

 

Evolución del PIB per cápita según región del mundo

1750-2000

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Fuente: elaboración propia sobre la base de Banco Mundial (BM), World Development Indicators (WDI), [base de datos en línea] http://databank.worldbank.org/ y Robert E. Lucas, Jr. (2004), 2012.

 

Dadas las brechas preexistentes entre los países de América Latina y el Caribe y los de mayor desarrollo, tanto en el ámbito productivo (inversión, productividad e innovación) como en el social (pobreza, exclusión y desigual distribución del ingreso), de no realizarse cambios de fondo bajo la perspectiva de la nueva revolución industrial en curso, digital y sustentable, la región comprometería cada vez más sus posibilidades de desarrollo sostenible.

 

La transformación digital para un desarrollo productivo inclusivo y sostenible

 

La digitalización está transformando la economía y sociedad al facilitar cambios e innovaciones en los modelos de interacción y comunicación social, de negocios, de producción y de provisión de servicios públicos. Surgen así sociedades y economías digitales que basan cada vez más sus actividades (educación, salud, producción, comercialización, entretenimiento, etc.) en el uso combinado de distintas tecnologías digitales. Es un proceso disruptivo que da lugar a un nuevo sistema digitalmente entrelazado en el que se integran e interactúan esquemas del mundo analógico y del mundo digital, dando lugar a ecosistemas complejos que se encuentran en proceso de adecuación organizativa, institucional y normativa. En este contexto, los datos digitales creados por personas y máquinas adquieren un rol central en la creación de valor. El aprovechamiento de estos datos debe darse bajo un marco de gobernanza adecuado, con normativa e institucionalidad apropiada para que su utilización se de en un conexto seguro y de respeto a las personas.

La digitalización genera nuevas formas de creación de valor con el potencial de aumentar la productividad, la competitividad y el bienestar y la inclusión social, con mayor sustentabilidad medioambiental. Dicha creación del valor se basa en el conocimiento generado a partir de los datos digitales extraídos de los procesos de producción y consumo por medio de sistemas inteligentes basados en tecnologías digitales avanzadas, tales como la red móvil de quinta generación (5G), la internet de las cosas (Internet of Things, IoT), el cómputo en el borde, los grandes datos, y la inteligencia artificial, la realidad virtual y aumentada, y la robótica cognitiva, entre otras. Esto está gestando una cuarta era industrial, que se caracteriza por la digitalización del conjunto de los sectores de la economía y de actividades del quehacer social.

Digitalización y desarrollo: Marco conceptual

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Fuente: elaboración propia.

 

Las dimensiones del desarrollo digital

 

Desde fines de los años 90, la revolución digital está transformado nuestra economía y sociedad. Este proceso se ha dado secuencialmente, distinguiéndose tres dimensiones que coexisten hoy en día:

  • Economía y sociedad conectada:corresponde a la masificación del uso de Internet gracias al despliegue de infraestructura digital (redes de Internet de banda ancha fija y móvil, puntos de intercambio de tráfico, centros de datos y demás) y la masificación de dispositivos de acceso (computadoras de escritorio o portátiles, tabletas y teléfonos inteligentes). A esto se suman redes de sensores que marcan el ritmo de la conexión de las personas a las máquinas mediante Internet de las cosas.
  • Economía y sociedad digital:corresponde al surgimiento de nuevos modelos de negocios habilitados por tecnologías digitales para la provisión de bienes y servicios en línea. Estos modelos de plataformas digitales propician la generación y recopilación de datos para ofrecer nuevas propuestas de valor en la oferta de bienes y servicios en diversos sectores económicos.
  • Economía y sociedad digitalizada:se trata de la transformación de los modelos de negocios y producción de las empresas de sectores tradicionales en sistemas inteligentes conectados, gracias a la adopción de tecnologías avanzadas, como las redes móviles de quinta generación (5G), Internet de las cosas, la computación en la nube, la inteligencia artificial, la realidad virtual y aumentada, el análisis de macrodatos y la robótica cognitiva. Así también, aborda los cambios desde los gobiernos y su relación con las personas, el aumento de la provisión de servicios por medios digitales y la adopción de tecnologías avanzadas para la provisión de servicios públicos. El objetivo es incrementar la competitividad, productividad y sostenibilidad de las operaciones.

El proceso de transformación digital, en constante evolución debido al acelerado ritmo del progreso tecnológico, implica una retroalimentación sinérgica entre sus dimensiones, generando efectos en la sociedad, el aparato productivo y el Estado. Este dinamismo representa un desafío para las políticas públicas, requiriendo una adaptación constante y un enfoque sistémico de desarrollo nacional.

 

Dimensiones del desarrollo digital y sus efectos disruptivos en la sociedad, el sector productivo y el Estado

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Fuente: elaboración propia.

 

El impacto de la digitalización no es automático ni homogéneo entre los distintos países, empresas o personas. Los beneficios potenciales de la digitalización en el crecimiento, el bienestar y la sostenibilidad dependerán de factores tales como los esfuerzos de extensionismo tecnológico digital para aumentar el grado de adopción tecnológica, las habilidades digitales de las personas, la estructura productiva y una gobernanza que atienda los retos emergentes. Entre ellos, cabe mencionar la concentración del mercado, la ciberseguridad, el empleo y la automatización, la privacidad, la seguridad de los datos personales y los desafíos éticos y regulatorios asociados a la inteligencia artificial.

Sin una visión integral de la digitalización, los impactos positivos podrían convertirse en factores adversos en términos de competitividad, concentración y desigualdad. Por ejemplo, segmentos vulnerables de la sociedad podrían verse marginados de servicios en línea, y la falta de habilidades digitales podría afectar el empleo. Además, podrían persistir prácticas insostenibles de explotación y producción, ampliándose las brechas entre empresas grandes y pequeñas, limitando su capacidad de establecer vínculos comerciales y tecnológicos. Este fenómeno es especialmente relevante para países en transición al desarrollo, como los de América Latina y el Caribe. El impacto neto dependerá de la conciencia sobre la importancia de la transformación digital y de políticas oportunas para dirigir la digitalización hacia el desarrollo sostenible de la región.

Es crucial integrar los esfuerzos de transformación digital con el desarrollo productivo a nivel empresarial. Las políticas de desarrollo productivo en la era digital no deben limitarse a la manufactura y los procesos de cambio estructural, sino ampliar su enfoque sectorial, considerando el carácter transnacional de los flujos digitales e incorporando nuevos sectores estratégicos, como los ecosistemas digitales. Del mismo modo, las políticas de desarrollo social en la era digital deben adaptarse a esta transformación tecnológica, enfocándose en la educación y el fortalecimiento de habilidades digitales, así como en el fomento de la educación STEM para contar con un mayor número de especialistas en tecnología. El futuro será digital y, por ende, condicionará la protección social y las políticas de la región.